Carta a mi tío Ignacio

Te marchaste en el silencio de una noche de invierno, en el calor de los que te quisieron, entre el desgarro de los que compartieron contigo la dulce rutina. Sin sollozos. Con la tranquilidad del que sabe que ha jugado hasta el final, que ha sido justo, que ha amado. Muchas tardes, apretando la mano de tu madre añorabas agarrarte a la vida un poco más, sólo un poco más, el tiempo que un sabio necesite para curar mi angustia. Y es verdad, alguien debería prohibir esas enfermedades que desarman a los hombres buenos. Aquella noche de febrero el tiempo se detuvo por un instante para todos los que te quisimos. A la mañana siguiente, una mujer que había trabajado contigo te llevó un ramo de flores, pasó un par de minutos sobre el cristal que os separaba y se marchó manchada de lágrimas. En ese instante aprendí que hay gestos que sólo se hacen si se sienten de verdad. No hay palabras para describir mis sensaciones al ver llorar a tantas personas por un solo ser…

Nunca fuiste de esas personas que tienen que tener un pie en tierra firme antes de aventurarse al mar. Siempre un optimista, un emprendedor en la vida. Me queda eso de tí, me queda el tesón y la importancia que dabas al esfuerzo de cada ser, a la superación que engrandece a las personas. Me queda el compromiso. Dos días antes del último día acudiste al colegio electoral sirviéndote de la fuerza de los que en otro tiempo vieron vetado su derecho. Levántandote, con todo, y aún con todo, para defender el porvenir de una tierra en la que no naciste pero que ya sentías como tuya. Eso es algo que sólo lo hace alguien que ha cosido el compromiso de la sociedad en lo más profundo de sus entrañas. Se me llena la boca al decirlo. Quizá lo hiciste pensando en los tuyos, siempre en los tuyos, en los que quedan… en los que permanecen, como tu ejemplo. La última vez que hablamos casi no tuviste fuerzas para decirme que me esforzara mucho y para desearme suerte en mis primeros examenes universitarios… aquel momento intuí que quizá era la última vez. Malditas intuiciones. Malditas últimas veces.

Hoy sigo aprendiendo a convivir con la ausencia y con el desgarro en los que te quisieron. El rumbo sigue, las máquinas nunca pararon, pero hay un hueco vacío en medio del camino. Nos faltas, pero nunca dudes de que Nacho y Lucía son la mejor semilla de ti en la tierra.

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8 comentarios to “Carta a mi tío Ignacio”

  1. Sssk8dan Says:

    ¡Qué bien escribes! Siento tu pérdida…

  2. Virginia Says:

    Este es el mejor regalo que podías hacerle. Seguro que él, donde quiera que esté, se sentirá muy orgulloso de ti, además de halagado porque alguien que te quería tanto tiene el maravilloso don de escribir y plasmar sus sentimientos en cada palabra.

  3. Encarna Says:

    Gracias, Elena, por lo que has escrito. Tu tío estaría muy orgulloso de ti. Yo lo estoy.

  4. Ángel Says:

    Las ausencias terminan por estar presentes en ese lugar de la inmortalidad que es la memoria. Dolor + dolor = compasión, que es la única forma de compartir la dignidad. Por eso lloramos a los muertos, pero también a los vivos

  5. Papi Says:

    Otra vez se me saltan las lágrimas al leer lo que escribes, como lo escribes.

    Trasmites emoción, sentimiento, cariño, dolor, verdad…

    Gracias por ser así.

    Te quiero.

  6. Santiago Esteso Says:

    Cuanta competencia tiene uno a la hora de escribir :P. Sabes que siempre estoy para lo que necesites.
    Un beso

  7. Isabel T. Says:

    Una carta muy emotiva, calurosa y cercana, a un GRAN hombre que la “sinrazón” nos privo de disfrutarlo durante más tiempo. De alguna manera, está en esa familia que tanto lo quiso/quiere (Nacho,Lucia, Encarna)

  8. Aída Says:

    Me emocionan estas cartas…
    Recuerdo las que escribí a mis dos abuelos y a mi abuela (soy una persona afortunada, tengo tres abuelo y tres abuelas y, desgraciadamente solo me quedan dos abuelas y un abuelo)… Se las leí en voz bajita antes de salir del tanatorio y las hice guardar en uno de sus bolsillos. Tal vez no venga a cuento que te escriba en esta entrada, porque tiene mucho tiempo y porque tal vez te recuerde algo triste… Pero quería decirte que ese sentimiento nunca se puede expresar en todo su esplendor.

    Creo que es una carta… una carta muy humana y me ha emocionado… Supongo que también por los recuerdos. :) me ha parecido especialmente bonita.

    Ten un feliz segundo día de primavera, por si lo llegas a leer

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