Dentro de un par de horas es la inauguración oficial y mañana el recinto ya estará abierto para todos los que quieran dejarse caer por aquí. Me enorgullece pensar que los zaragozanos (y los aragoneses) hemos sido capaz de sacar adelante un proyecto de esta envergadura. Muchos hablarán de derroche desmesurado, pero a mi me gusta pensar que, en el fondo, esto nos toca y nos hace mejorar a todos. Hoy me acordé de esa tarde de diciembre de 2004 cuando el nombre de Zaragoza se alzó sobre los de Trieste y Tesalónica. Ha llovido muchos desde entonces, me ha tocado vivir toda esta transformación de mi ciudad desde la distancia pero, en un día como hoy, no podía dejar de estar en Zaragoza. Hoy se inaugura la mayor fiesta del agua en la tierra.
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