Archive for 31 diciembre 2007

Típico resumen de último día de año

diciembre 31, 2007

Enero comenzó con el amargo punzón del terrorismo atragantándose con las uvas de la última noche del año. Unos días más tarde, el 27, murió uno de esos hombres considerados como maestro por todos los que queremos ganarnos la vida siendo periodistas. Kapucinski falleció en Varsovia a los 74 años. Febrero, en lo personal, fue la angustia, el desgarro más absoluto. Ignacio, febrero solo es tu nombre, la ausencia y la voz que ya no oiremos. En Marzo decubrimos que Zapatero desconocía el precio de un café. En Abril, los medios, casi todos, nos atormentaron con continuas informaciones sobre el nacimiento de la nueva Infanta y en la Universidad Politécnica de Virginia 32 estudiantes fueron asesinados en la que hasta el momento es la peor tragedia en un centro educativo en EEUU. En Mayo Sarkozy asumió la presidencia del Gobierno francés y en España elegimos a nuestros representantes autonómicos y municipales. En Junio la dimisión de Tony Blair llevó a la presidencia a Gordon Brown y, entre charlas en el pasillo y tés con hielo y limón, encaré con energía mis segundos examenes universitarios. Julio fue amor en la Costa Brava. Agosto fue el sur y artesanía en el fresquito de la bodega de casa. En septiembre nació un nuevo periódico. Octubre fue la vuelta a Madrid, el comienzo de curso, París (génial) y otra ausencia, se nos fue Carlos Llamas. Noviembre fue decisión, lágrimas y empezar de nuevo. Diciembre ha sido ajetreo, implicación en la Universidad… e ilusión.

Me leo y me parece un año triste, quizá más de lo que fue. Un año que empieza con gusto a muerte y acaba con la certeza de la misma nunca puede ser ejemplar. En el 2008 puede que todo vaya mejor…

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Familia feliz

diciembre 31, 2007
“Hoy la familia se siente acosada: se promueve el aborto y la anticoncepción, las familias se rompen apenas formadas…”, clamaba en el estrado Francisco Ayuga, presidente diocesano de Acción Católica. Los ojos como platos, pero platos de restaurante caro, de esos bien grandotes, al escuchar las voces de los que han optado por predicar desde la calle en lugar de hacerlo desde unas iglesias y unos seminarios que están cada vez más vacíos. Las manifestaciones de la jerarquía ecleseástica se han regido, en los últimos tiempos, por un discurso tan catastrofista como inverosímil. El matrimonio entre homosexuales, la Educación para la Ciudadanía, el divorcio exprés o la ley del aborto -por cierto, vigente desde 1985-, suponen, según esta institución, una amenaza para la democracia. Afortunadamente hay muchas familias que no comulgan ni con los gritos ni con las ideas de los que se manifestaron ayer en Colón. La sociedad, pese a quien le pese, evoluciona. Debemos sentirnos orgullosos de que en este país se acepte, de una vez por todas, lo normal como normal. Hoy son comunes las uniones no matrimoniales, las parejas que deciden no tener descendencia, las procedentes de uniones anteriores, las surgidas a partir del matrimonio de dos hombres o dos mujeres, y las de uno y su progenie nacidas de la decisión de tener hijos en solitario. Y esto es una realidad, aunque a algunos les cueste reconocerlo.