Archive for 13 enero 2008

Caramelos

enero 13, 2008

Siempre quise volar, pero debí acostumbrarme a vivir entre las nubes. Cuando nací, no se quién tuvo la genial idea de llamarme Viento. Viento, si. Viento como el viento. ¿Y quién le explica a una niña que se llama Viento que no puede volar? Siempre fui un poco rara, cuando era pequeña siempre me andaba quejando de que me dolía el corazón. Pero cómo te va a doler el corazón, hija –me decía mi abuela- eso es imposible. Y qué sabría ella… me pinchaba, me estrujaba, se me abría un hueco de dolor cuando algo me daba pena. Mi abuela siempre decía que yo era muy sentida. La única cosa en el mundo que calmaba mi angustia eran los caramelos. Si, los caramelos. Y mira que me gustaban, eh, pues puedo contar con los dedos de una mano los que me comí en toda mi infancia. Siempre los regalaba. Los llevaba en cualquier bolsillo y los regalaba cuando me dolía el corazón, cuando algo me daba pena. Lo que fuese. Yo regalaba muchos caramelos. Se los regalaba a los árboles que perdían sus hojas, a los niños que se caían en el parque, a las nubes que lloraban y mojaban mis zapatos con sus lágrimas. También se los regalaba a mi abuela, porque mi abuela lloraba muchas veces, aunque ella nunca dejaba que sus lágrimas mojaran mis zapatos.

Ahora mi abuela ya no está y yo ya no regalo caramelos. Siempre llevo los bolsillos llenos de chicles, por variar, por masticar otra cosa que no sea realidad.

 

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Reyes Magos

enero 5, 2008

– ¿Qué escribes?

– Una carta a los Reyes Magos

– ¿Y qué les pones?

– Que nos devuelvan la vida

Báilame el agua

* Prometo que es la última actualización-de-funeral pero es que hoy, a pesar de esa sonrisa que no me quito de la boca, me ha venido a la cabeza ésta escena de Báilame…

¡Que mañana os llenen de toda clase de regalos!

En la azotea

enero 2, 2008

(…)

No supe qué decirte, hablamos como
si hubiera sido ayer, sin ir más lejos,
la última vez que tú y yo hablamos,
la última vez que habíamos entrado
a saco por el alma y por el pecho.

Así que yo te hablé de mis triunfos,
de mis últimos versos, de mí mismo,
y casi sin mirarte, miraba tu café
que removías con exquisito interés
como si de ello dependiera tu destino.

(…)

Para médicos y amantes -Ismael Serrano-

 

· Seguirá en la azotea, yo nunca estuve a su altura ·

No ver

enero 2, 2008

Ya no le funciona ese viejo truco de bajar la persiana para no ver que no hay nadie al otro lado de la cama.

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