Archive for 20 febrero 2008

Carta a mi tío Ignacio

febrero 20, 2008

Te marchaste en el silencio de una noche de invierno, en el calor de los que te quisieron, entre el desgarro de los que compartieron contigo la dulce rutina. Sin sollozos. Con la tranquilidad del que sabe que ha jugado hasta el final, que ha sido justo, que ha amado. Muchas tardes, apretando la mano de tu madre añorabas agarrarte a la vida un poco más, sólo un poco más, el tiempo que un sabio necesite para curar mi angustia. Y es verdad, alguien debería prohibir esas enfermedades que desarman a los hombres buenos. Aquella noche de febrero el tiempo se detuvo por un instante para todos los que te quisimos. A la mañana siguiente, una mujer que había trabajado contigo te llevó un ramo de flores, pasó un par de minutos sobre el cristal que os separaba y se marchó manchada de lágrimas. En ese instante aprendí que hay gestos que sólo se hacen si se sienten de verdad. No hay palabras para describir mis sensaciones al ver llorar a tantas personas por un solo ser…

Nunca fuiste de esas personas que tienen que tener un pie en tierra firme antes de aventurarse al mar. Siempre un optimista, un emprendedor en la vida. Me queda eso de tí, me queda el tesón y la importancia que dabas al esfuerzo de cada ser, a la superación que engrandece a las personas. Me queda el compromiso. Dos días antes del último día acudiste al colegio electoral sirviéndote de la fuerza de los que en otro tiempo vieron vetado su derecho. Levántandote, con todo, y aún con todo, para defender el porvenir de una tierra en la que no naciste pero que ya sentías como tuya. Eso es algo que sólo lo hace alguien que ha cosido el compromiso de la sociedad en lo más profundo de sus entrañas. Se me llena la boca al decirlo. Quizá lo hiciste pensando en los tuyos, siempre en los tuyos, en los que quedan… en los que permanecen, como tu ejemplo. La última vez que hablamos casi no tuviste fuerzas para decirme que me esforzara mucho y para desearme suerte en mis primeros examenes universitarios… aquel momento intuí que quizá era la última vez. Malditas intuiciones. Malditas últimas veces.

Hoy sigo aprendiendo a convivir con la ausencia y con el desgarro en los que te quisieron. El rumbo sigue, las máquinas nunca pararon, pero hay un hueco vacío en medio del camino. Nos faltas, pero nunca dudes de que Nacho y Lucía son la mejor semilla de ti en la tierra.

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El mejor regalo

febrero 3, 2008

Sin duda es el mejor regalo,  la mejor ofrenda. Hoy leo en El País que la editorial Visor publicará en abril un pequeño volumen con los últimos poemas de Ángel González. El autor no quiso difundirlos en vida porque eran tristes, porque quizá ya no le quedaban ganas de dar la cara por ellos. Lo que Ángel nunca supo es que esa colección de letras compungidas es el mejor regalo para todo los que alguna vez le leímos con los ojos anegados. Gracias, poeta del compromiso.

Aquí os dejo con uno de los que más me gustan:

ESO ERA AMOR

Le comenté:

Me entusiasman tus ojos

Y ella dijo:

– ¿Te gustan solos o con rimel?

Grandes, respondí sin dudar.

Y también sin dudar

me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Ángel González