Cuando un libro hace olvidar los pies mojados

“Es una lata que llueva ahora, todo el año esperando la lluvia como agua de mayo y ahora nos ha llegado en mayo, pero de verdad”, comenta Francisco, un madrileño que se encuentra hojeando literatura africana en uno de los puestos de la Feria del Libro de Madrid. La lluvia siempre es un mal presagio para este tipo de eventos, las aguas que caen del cielo invitan a los perezosos a quedarse en casa y a los padres con niños a buscar otras alternativas huyendo de los temidos constipados. Pero siempre están esos lectores fieles, paraguas en mano, que se sobreponen a la desgana, toman un par de zapatos cerrados y se desplazan al Retiro, el pulmón de los madrileños.

Fuente de tranquilidad y de naturaleza, espacio de evocación, de revolcones en los lugares más recónditos y de letras. Fue un acierto, hace ya más de cuarenta años, eso de trasladar la feria de los libros a este parque que, por inmenso, todavía ofrece algunos espacios para la quietud. “Me encanta la feria, no me la pierdo nunca. Aprovecho y compro libros para todo el año” dice Carola, madrileña de 40 años que acude a la Feria con sus hijos, Manuel y Sara. Los pequeños, algo abrumados por la multitud, van buscando charcos en los que chapotear con las botas de agua.La feria está llena de libros y, a pesar de las aguas, de niños con globos. La literatura infantil es un fuerte reclamo y las editoriales parecen haber caído en la cuenta. Algunos personajes de televisión, como el entrañable Pocoyó, firman libros a los pequeños mientras los padres miran con el rabillo del ojo cuánta cola habrá que hacer para tener la rúbrica del escritor estimado. Las firmas, apenas dos frases y un borrón, pueden colmar de felicidad la cara de los lectores empedernidos o de los ingenuos que piensan que ese garabato les acerca a los eruditos. Mirar los ojos del admirado, tocar su mano al entregarle el libro o guardar el recuerdo para siempre son esos detalles que hacen olvidar lo incómodo del remojo y de la humedad en las plantas de los pies.

Hasta el 15 de junio pueden acudir al Paseo de los Coches del parque del Retiro y perderse en ese mar de letras. Además, si no fallan los pronósticos, puede que la semana que viene no le venga nada mal el abanico que regalan en el Pabellón que la Comunidad de Madrid ha instalado en el carril central del Paseo.

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