De Paris y volver a bailar (pero de verdad)

A veces no viene mal que una voz que para ti representa una autoridad te tome de los brazos y te zarandee. No es en vano ese toque de atención que a veces necesitas para hacer frente al desánimo. Nunca dejé de escribir, pero es cierto que se me fueron un poco las ganas de contar al mundo. Y yo pensaba que no, pero es cierto eso de que hay que abrirse a las historias para que estas también sean capaces de descubrirte para ti. Nuestra existencia viene marcada por miles de momentos que merecen la pena ser contados. Y a mi me gusta pensar que este espacio caótico, en el que se mezcla lo que odio con lo que quiero y también con lo que me revuelve las entrañas o me asusta, o me envuelve, es un lugar ávido de historias por escribir. Ahora vivo en Paris, estudio en una clase de cineastas del distrito quince y vivo en una casa vieja, al sur de la ciudad. Cuando me aburro, cojo el metro y me bajo en la primera parada que encuentro, sin atender siquiera al nombre de la estación y echo a andar, a buscar historias que gritan ser contadas.

2 comentarios to “De Paris y volver a bailar (pero de verdad)”

  1. felix Says:

    Eres increible Elenilla. Continúa por favor.

  2. Cristian Says:

    Pasaba por aquí, y es verdad, subirse al metro y bajarse sin atender al nombre de la estación…

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