Labordeta

Dicen que al abuelo se le está acabando la vida. Que hace días que no se le ve por Zaragoza. Aún recuerdo algunas veces verle caminar por el paseo de la Independencia, por la calle Don Jaime (quizá cerca del escaparate de Fantoba) o por la plaza de los Sitios. Siempre algún vecino le decía, ¡hasta luego, José Antonio! Y yo nunca me atreví. Pero de él recuerdo la punta de emoción que le daba al hastiado juego de la política cuando era diputado, los conciertos, su hermano Miguel Labordeta, el poeta, y una bandera de Aragón, vieja y descolorida, que estaba guardada en el cajón de la cómoda y que había sido de mi tío Ignacio. Con ese trapo mi madre y sus hermanos fueron a un concierto en Cádiz, quizá en los setenta. Cuando llegamos a Zaragoza le vi cantar algunas veces. Primero de la mano de mis padres, después del brazo de algunos amigos. Y puede que sea así como se conforma eso que llaman identidad, aunque en esta casa sigamos siendo ciudadanos de mil orillas.

Una respuesta to “Labordeta”

  1. Alguien que te quiere Says:

    ¡Precioso! Reflexiona, piensa, escribe… Vive…

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